lunes, febrero 20, 2006

Un poco de inteligencia

Un día una maestra estaba explicando la teoría de la evolución a sus alumnos de 6 años.
Ella preguntó a uno de los niños: "¿Tommy, ves ese árbol afuera?"
"¡Sí!" - respondió tímidamente.
La profesora dijo: "¿Ves el césped de afuera?"
"¡Sí!" - contestó el niño.
La maestra continuó: "Tommy... ¿Puedes salir del aula, mirar hacia arriba y decirnos si puedes ver el cielo?"
Tommy regresó luego de unos minutos y respondió: "¡Sí, yo pude ver el cielo!"La profesora le preguntó: "¿Pudiste ver a Dios?"
Tommy inocentemente contestó: "¡No!, no pude ver a Dios."
"¡Ese es el punto!" - dijo la maestra - "¡No podemos ver a Dios, sencillamente porque Él no existe!"
Inmediatamente, una niña levantó su mano diciendo: "¿Puedo hacer unas preguntas a Tommy?"
La profesora aceptó.La niñita preguntó: "¿Tommy, ves ese árbol afuera?"
"¡Sí!" - respondió.
La chiquilla dijo: "Tommy... ¿Puedes ver a la maestra?"
"¡Sí!" - contestó el niño.
La niña continuó: "Tommy... ¿Puedes ver el cerebro de la profesora?"
Tommy respondió: "¡No! ¡No puedo ver su cerebro!"
Finalmente la niñita dijo: "¡Según lo que hemos aprendido hoy, la maestra no tiene cerebro!"
La clase enmudeció por varios minutos. La profesora jamás se olvidaría de aquellas sabias palabras provenientes de la pequeña. Aquella mañana, sus pobres argumentos habían sido triturados por una niña de 6 años.
Con razón, la Biblia dice en Salmos 14:1 "Dice el necio en su corazón: No hay Dios."
La verdad es que Dios existe, y no solo ello, Dios desea vivir en tu interior.

Recopilado y editado por: Mario Rodríguez
reflexionesparaelalma@labibliadice.org

¿Quién soy?

Era una noche fría, Arturo Schopenhauer, un gran filósofo alemán del siglo XVIII, estaba sentado frente al puerto de Hamburgo (Alemania), sumido en profundos pensamientos filosóficos. De pronto pasaba por allí un policía del puerto haciendo su ronda de vigilancia rutinaria. El policía se sorprendió al ver a un hombre sentado con el rostro entre sus manos. Se acercó y con voz firme preguntó: "¡Señor! ¿Quién es usted? ¿De donde viene? y ¿Qué hace aquí?" Ante apremiante pregunta, Arturo Schopenhauer elevó lentamente su rostro y contestó: "Por largas horas estoy meditando acerca de quién soy... de donde vengo... y adonde voy... pero no tengo respuestas..."
Muchas personas en la actualidad se hacen la misma pregunta: ¿De donde vengo? ¿Adónde voy? ¿Qué hago aquí? San Agustín de Hipona dijo en una oportunidad lo siguiente: "Todo ser humano tiene un vacío en su interior... este vacío no será llenado por ninguna cosa de este mundo... este vacío tiene la forma de Dios y solo Dios puede llenarlo..."
Cuanta verdad encierran dichas palabras. El vacío espiritual no puede ser llenado por el dinero, la familia, los mejores terapistas o la religión. El vacío de Dios solo puede ser llenado por Dios mismo.
No esperes mas... abre la puerta de tu corazón a Jesús en este preciso momento. Eleva esta oración desde lo profundo de tu corazón. Dile:
"Dios reconozco que soy un pecador, limpia mis pecados, dame una nueva vida. Dios, llena el vacío de mi corazón. Gracias por oír mi oración..."
Recopilado y editado por: Mario Rodríguez
reflexionesparaelalma@labibliadice.org

Las Baratijas De Satanas

En una oportunidad el diablo estaba realizando una venta de garaje. Puso anuncios en las carreteras y en los postes de la ciudad. Aquel sábado miles de personas llegaron a ver sus baratijas.
Era un stock sumamente atractivo. Había espejos que aumentaban la importancia personal, tónicos para satisfacer los más bajos caprichos sexuales, guantes blancos para robar sin ser descubiertos, micrófonos para justificar todos los negociados sin perder la buena imagen pública, enormes zapatos para mantener a la gente bajo poder y anillos que garantizaban la fama en poco tiempo. La gente se apresuraba para tomar los objetos promocionados, realmente era una baratija. Todos pensaban que era un gran negocio comprarle al diablo tantas cosas útiles a tan bajo precio.
Sin embargo había tres objetos gastados por el uso que el diablo no estaba dispuesto a venderlos por ningún precio. Estos objetos eran: la duda, la religión y la bondad personal. El diablo dijo: "No puedo deshacerme de ellas porque son tres armas que uso a diario para que las personas no tengan a Jesús en sus corazones." Satanás concluyó: "La religión y la bondad personal convencen a la gente de que irán al cielo, pero ellas no saben que despertarán en el infierno."
Estimado amigo, ¿Piensas que tu bondad personal o tu religión te llevará al cielo? ¿O dudas de la existencia de Dios? Recuerda, la única manera de entrar al cielo es teniendo a Jesús en el corazón. ¿Porqué no le recibes hoy?
Recopilado y editado por: Mario Rodríguez
reflexionesparaelalma@labibliadice.org

El Globo Negro

Se dice que en cierta ocasión Martin Luther King iba a dar una conferencia acerca de los derechos humanos, cuando notó que un pequeño niño de raza negra se encontraba al frente de su auditorio. Esto sorprendió a Martin Luther King, quién preguntó a uno de sus ayudantes acerca del niño. Este le contestó diciendo que aquel niño negro había sido el primero en llegar al auditorio.
Cuando terminó el discurso de Martin Luther King se soltaron globos de diferentes colores al cielo, los cuales el pequeño niño no dejaba de mirar. Esto llamó la atención de Martin Luther King, quien levantó tiernamente al niño en sus brazos.
El pequeño mirándole le preguntó: "Señor King… ¿Los globos negros también ascienden al cielo?" A lo cual el Señor Martín Luther King le respondió dulcemente diciéndole: "Los globos ascienden al cielo no por el color que tengan, sino por lo que llevan adentro…"
¡Que palabras profundas y sencillas las de Martín Luther King! "Los globos ascienden al cielo no por el color que tengan, sino por lo que llevan adentro…"
Esta gran verdad también puede aplicarse a la esfera espiritual. Lo importante, no es el color de nuestra piel, sino lo que tenemos dentro del corazón. La Biblia dice en 1 Juan 5:12 lo siguiente: "El que tiene a Jesús, tiene la vida, el que no tiene a Jesús no tiene la vida." ¿A quién tienes tú en el corazón? Espero que en tu corazón se encuentre Jesús. Si no tienes la seguridad de que Jesús vive en tu corazón... entonces ¿por qué no elevas una oración a Dios invitándole a vivir en tu interior?

Recopilado y editado por: Mario Rodríguez
reflexionesparaelalma@labibliadice.org

El dolor

La madre oyó gritos de dolor que salían del interior de la habitación de los niños. Corrió para ver lo que sucedía y encontró al bebé colgando de la rubia cabellera de su hermana Juanita. Con gran dificultad, la madre consiguió abrir los deditos del niño entre los gritos de dolor de su hermana.
Cuando por fin consiguió desprenderle de la cabeza de Juanita le dijo la madre: Perdónale Juanita, él no sabe que eso duele. Unos minutos más tarde volvieron a escucharse gritos de dolor pero esta vez del bebé. La madre corrió a toda prisa al cuarto para ver qué sucedía ahora y encontró a Juanita que salía muy tranquila y decía: ahora el bebé sabe que duele.
Es una travesura que contiene un chiste infantil pero que nos deja una seria enseñanza sobre la realidad del pecado aún desde la infancia. Juanita no admitía que su hermanita, bebé de meses, no sabía lo que hacía y quiso vengarse dándole el conocimiento del dolor. Así es el corazón humano desde su mismo principio. Perdonar es contrario a los hábitos de nuestro yo y cuando aumenta el conocimiento de las consecuencias que acarrea una ofensa se supone que más culpabilidad tiene el ofensor si persiste en su ofensa.
A la vez, se supone que al crecer y madurar y al saber cuánto somos capaces de lastimar los humanos a nuestros semejantes, deberíamos evitar herirnos.
Pero lo más increíble de todo este razonamiento es que un día, hace mucho, mucho tiempo, Aquel que tenía el derecho de negar el perdón a sus ofensores, colgaba de un madero y ante una multitud supuestamente madura que le crucificaba, exclamaba al cielo: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” Cuántas veces nosotros hacemos lo mismo pagando a nuestros enemigos con la misma moneda, olvidando que también nosotros necesitamos el perdón de nuestros pecados y despreciando el amor de Dios. Dijo Jesús: Perdonad a vuestros deudores así como Cristo os perdonó primero” Si quizás te cueste perdonar y vives envenenado por viejos rencores... ¿No será que aún no has experimentado el perdón de Dios?


Por: Pablo Martini
reflexionesparaelalma@labibliadice.org